¿Estás pensando en instalar puntos de recarga para vehículos eléctricos en tu nave, garaje o local y no tienes claro si tu instalación eléctrica actual puede soportarlo? Es una duda muy habitual, y llega cada vez con más frecuencia.  

Los puntos de recarga no son un accesorio que se conecta a un enchufe cualquiera: son cargas eléctricas de cierta potencia que tienen exigencias técnicas propias y que, si no se integran correctamente en la instalación, pueden generar problemas de sobrecarga, viajes de protecciones o dificultades en la legalización. 

 

¿Por qué los puntos de recarga no se pueden a una instalación existente? 

Uno de los errores más frecuentes al incorporar puntos de recarga en un espacio ya construido es tratarlos como si fueran una toma de corriente más. Se llama a un electricista, se conectan al cuadro más cercano y se da por resuelto. El problema aparece días o semanas después, cuando los interruptores disparan con frecuencia, cuando la factura de electricidad sube de forma inesperada o cuando la inspección de actividad detecta que la instalación no cumple los requisitos normativos. 

La razón es sencilla: cada punto de recarga puede consumir entre 3,7 y 22 kilovatios dependiendo del tipo, y ese consumo es sostenido durante horas. No es el consumo puntual de una herramienta o un equipo de producción: es una carga continua que hay que dimensionar correctamente en el cuadro, en el cableado y en las protecciones.  

Si la instalación existente no tiene la capacidad disponible para absorber esa carga adicional, hay que ampliarla antes de instalar los puntos de recarga. Y esa ampliación tiene sus propios trámites y su propia documentación. 

 

Revisa la potencia disponible antes de instalar puntos de recarga 

El primer paso antes de incorporar puntos de recarga a cualquier instalación es revisar cuánta potencia disponible tiene el suministro actual. La potencia contratada con la compañía eléctrica marca el límite máximo de consumo simultáneo de toda la instalación: si la suma del consumo habitual más la carga de los puntos de recarga supera ese límite, el interruptor de control de potencia actuará y cortará el suministro. 

Esta revisión requiere analizar el perfil de consumo real de la instalación: cuándo se consume más, qué equipos están funcionando en los momentos de mayor demanda y cuánto margen queda para incorporar los nuevos puntos de recarga sin superar la potencia contratada. Si el margen es suficiente, la instalación puede ampliarse sin tramitar un cambio de potencia. Si no lo es, hay que solicitar una ampliación de potencia a la compañía eléctrica, con los plazos y los costes que eso implica, antes de instalar nada. 

En muchos casos, la solución no pasa por ampliar la potencia contratada, sino por incorporar un sistema de gestión de carga que coordina el consumo de los puntos de recarga con el resto de la instalación para que nunca se supere el límite disponible. Pero esa decisión también hay que tomarla en el proyecto, no en el momento de instalar. 

 

¿Cuántos puntos de recarga necesitas para tu negocio? 

No todos los puntos de recarga son iguales, y la diferencia entre tipos no es solo de velocidad: es también de potencia instalada, de exigencias técnicas y de coste de la instalación eléctrica que los soporta. 

Recarga lenta, semifrápida y rápida 

La recarga lenta, con potencias de 3,7 kilovatios en monofásica, es la opción habitual para plazas de aparcamiento en comunidades o para instalaciones con poco tráfico de vehículos. Es la que menos impacto tiene sobre la instalación eléctrica existente, pero también la que requiere más horas para completar una carga.  

La recarga semifrápida, entre 7 y 22 kilovatios en trifásica, es la más habitual en entornos de empresa, flotas de vehículos y garajes de uso intensivo. Ofrece un equilibrio razonable entre velocidad de carga y complejidad de la instalación. La recarga rápida, por encima de 22 kilovatios, requiere instalaciones de mayor envergadura y es la opción de espacios públicos o estaciones de servicio, no de instalaciones industriales o comerciales convencionales. 

La elección entre estos tipos no puede hacerse solo en función de la velocidad de carga deseada: hay que tener en cuenta la potencia disponible en la instalación, el número de vehículos que van a recargar simultáneamente y el perfil horario de uso. Un análisis mal hecho en este punto puede llevar a instalar una infraestructura sobredimensionada con costes innecesarios, o a quedarse corto y necesitar ampliarla en poco tiempo. 

Gestión de carga 

Cuando el número de puntos de recarga es alto o cuando la potencia disponible en la instalación es limitada, la gestión dinámica de carga no es un lujo: es la herramienta que hace posible la instalación. Un sistema de gestión de carga distribuye la potencia disponible entre los puntos activos en cada momento, reduciendo la entrega a cada punto cuando hay muchos funcionando simultáneamente y aumentándola cuando hay pocos. Esto permite instalar más puntos de los que la potencia contratada podría soportar si todos funcionaran a plena carga a la vez, porque en la práctica eso nunca ocurre. 

Integrar este sistema requiere planificarlo en el proyecto desde el inicio, no añadirlo después como parche. La comunicación entre los puntos de recarga y el sistema de gestión, la conexión con el cuadro general y la configuración de los límites de potencia son decisiones que hay que tomar en el proyecto, con criterio técnico, no en la puesta en marcha. 

El cuadro eléctrico 

La incorporación de puntos de recarga en una instalación existente requiere revisar el cuadro eléctrico con detenimiento. Cada punto de recarga necesita su propio circuito dedicado con su protección específica, y esos circuitos tienen que tener espacio en el cuadro. Si el cuadro existente no tiene módulos libres suficientes, hay que ampliarlo o instalar un subcuadro específico para los puntos de recarga. 

La posición del cuadro también importa. Si los puntos de recarga están ubicados en una zona alejada del cuadro principal, puede ser más eficiente instalar un subcuadro próximo a ellos y alimentarlo desde el cuadro general con una línea de suficiente sección. Eso reduce la longitud de los circuitos individuales, minimiza las pérdidas por caída de tensión y simplifica el mantenimiento de la instalación de recarga. 

 

Protecciones que exige la normativa para la instalación de puntos de recarga 

La normativa de baja tensión establece requisitos de protección específicos para los circuitos de recarga de vehículos eléctricos que van más allá de lo que se exige en un circuito convencional. Es obligatorio instalar interruptores diferenciales de clase A o superior para detectar corrientes de fuga de componente continua, que son las que pueden generar los cargadores de vehículos eléctricos durante el proceso de carga. También se exige protección frente a sobretensiones en determinados casos. 

Estos requisitos no son opcionales ni negociables: están recogidos en la instrucción técnica complementaria del REBT específica para instalaciones de recarga. No cumplirlos puede generar una no conformidad en la inspección eléctrica que obligue a modificar la instalación antes de que pueda ponerse en servicio. Conocerlos desde el proyecto es la forma de evitar ese problema. 

 

Análisis previo de las canalizaciones 

Una de las decisiones con mejor relación coste-beneficio en cualquier proyecto de puntos de recarga es prever las canalizaciones aunque no se instalen de forma inmediata. Si la normativa obliga a instalar la preinstalación —como ocurre en muchos edificios nuevos— o si simplemente se prevé que en el futuro habrá necesidad de recarga, dejar las canalizaciones tendidas y los tubos vacíos en el momento de la obra tiene un coste marginal. 

El coste de hacer esa preinstalación después, cuando la solera está terminada, los falsos techos están cerrados y los acabados están colocados, es muy superior. En algunos casos puede implicar demoler parte de lo ejecutado para poder pasar los cables. Ese es exactamente el tipo de gasto que se evita con un proyecto que mira un poco más allá del momento presente. 

 

¿Cómo trabajamos en Big Ingeniería los proyectos de puntos de recarga? 

Cuando nos consultan sobre la instalación de puntos de recarga, el primer paso siempre es revisar la instalación existente: qué potencia tiene disponible, qué capacidad tiene el cuadro y qué recorridos son viables para los nuevos circuitos. Con esa información, definimos la solución técnica más adecuada para cada caso. 

Redactamos el proyecto técnico completo, coordinamos la ejecución con el instalador y gestionamos toda la tramitación ante la delegación de industria. El cliente no tiene que preocuparse por si la documentación es correcta o por si la instalación va a pasar la inspección. Eso es responsabilidad nuestra. 

Si estás pensando en instalar puntos de recarga y quieres saber qué necesitas realmente antes de tomar ninguna decisión, cuéntanos tu caso. La primera consulta es gratuita y sin compromiso.